miércoles, 1 de septiembre de 2010

La Atención de Salud Domiciliaria, una solución para pacientes ancianos

La evolución demográfica y epidemiológica a la que se ha asistido en los países desarrollados a lo largo de toda la segunda mitad del siglo pasado, ha modificado sustancialmente el perfil de las personas atendidas por los servicios sanitarios. Hemos pasado de un paciente caracterizado por padecer una enfermedad aguda, única, de corta evolución y que no producía dependencia, al enfermo típico de nuestros días, habitualmente una persona anciana que padece varias enfermedades crónicas, de larga evolución y que acaban generando dependencia funcional o agravando la ya existente.

La atención a este tipo de enfermo se centrará en la enfermedad crónica antes que en la aguda y en la calidad de vida antes que en su duración. La aparición de este nuevo tipo de enfermo, a pesar de haberse producido lentamente, o quizá por ello, parece haber tomado desprevenidos a los agentes sanitarios. De modo que la organización de nuestros sistemas de salud, pensados para el enfermo de los años 60’s u 80’s, fracasa de manera insistente en darles una atención ajustada a sus necesidades. Cuando en realidad la adaptación a las nuevas necesidades de los pacientes ancianos es simple, siempre que coloquemos en el centro del abordaje las necesidades del enfermo y desplacemos a la periferia las necesidades del propio sistema sanitario.

Una posible solución a estos problemas la constituye la atención de salud domiciliaria de pacientes ancianos. A lo largo de estos años, se han comprobado los beneficios que esta modalidad de salud trae consigo. Existen ya algunas pautas comprobadas que permiten sacar conclusiones firmes sobre el modo de organizar este tipo de atención. Los programas de atención domiciliaria que han mostrado beneficios para los ancianos pueden dividirse en dos grandes grupos: los cuidados inmediatos postalta hospitalaria y los cuidados de soporte o internación domiciliaria a largo plazo.

La Internación Domiciliaria es una modalidad complementaria a la internación sanatorial. En ella se busca un equilibrio entre la labor profesional médica y el entorno afectivo del paciente. Nuestra experiencia nos indica que este equilibrio facilita un proceso de curación óptimo en el que disminuyen la ansiedad y la depresión provocadas por la incertidumbre del paciente ante su enfermedad. A su vez, éste se encuentra acompañado y contenido afectivamente por su familia y en su entorno natural.

En el caso de los cuidados postalta, han mostrado reducir los reingresos y el riesgo de institucionalización, especialmente en enfermos frágiles. Para lograr este efecto, se recomienda que se hagan por equipos de base hospitalaria, que hayan valorado al paciente antes de su alta hospitalaria, y que aseguren la continuidad de los cuidados más allá de la simple (y en muchas ocasiones burocratizada) planificación del alta. Los equipos de atención domiciliaria han mostrado tener efectos beneficiosos sobre el riesgo de deterioro funcional, sobre el riesgo de ingreso en residencias y sobre la mortalidad. Estos beneficios no son universales, sino que se concentran en segmentos muy concretos de la población y siempre que se proceda de un modo específico. Así, el beneficio sobre el declinar funcional se centra en personas con bajo riesgo de mortalidad y el beneficio sobre la mortalidad en los enfermos más jóvenes (menores de 80 años).

Y de los costos, ¿qué sabemos? Los estudios que se han realizado habitualmente encuentran que estos programas no incrementan los costos de la atención, con lo que a la vista de los beneficios que generan, siempre que se respeten las condiciones antes descritas, su eficiencia parece asegurada. Más aún, considerando su efecto sobre resultados con claro impacto económico (reingresos hospitalarios, institucionalización permanente), se convierten en una alternativa asistencial a tener en cuenta al conjugar los beneficios para el enfermo (en términos de mejora de su calidad de vida) con los del sistema (en términos de una menor utilización de recursos). En un momento en el que cada vez está más claro que lo que genera un incremento de los costos sanitarios no es el envejecimiento de la población sino el desarrollo de dependencia funcional. Desarrollo de la dependencia que es prevenible en la mayor parte de los niveles asistenciales. En la situación planteada la atención de salud domiciliaria aparece como una solución estimable.

Basado en Leocadio Rodríguez Mañas, Servicio de Geriatría. Hospital Universitario de Getafe, Madrid,

“Atención domiciliaria para personas ancianas: no todo vale “, Revista Española de Salud Pública, vol.77 no.5.

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